Ana Dostoievskaia

Os presento a Ana Grigorievna Dostoievskaia.


Ana es el origen de esta editorial. La descubrí por un tropezón; llevo muchos años leyendo a su marido y soy una entusiasta de sus libros. Investigando sobre su vida, llegué a ella. Cuando metí su nombre en Google, me llevé una maravillosa sorpresa. Ponía: Ana Grigorievna Dostoievskaia. Memorialista.


Me puse a investigar sobre esas memorias y dónde podía encontrarlas. Y aquí es donde empecé a bosquejar la idea de este proyecto. Me he topado con muchas autoras que nunca han sido traducidas al español o que, simplemente, han desaparecido por completo. Ni rastro, solo algún apunte, alguna nota sobre que, en un momento de sus vidas, escribieron un libro.


Empecé a desesperarme y, buscando, buscando, encontré lo que podía ser el título; Dostoievski, mi marido. No me gustó por razones obvias, pero decidí encontrarlo como fuera. La suerte quiso ponerse de mi lado y, en una página de coleccionistas, encontré un ejemplar. Estaba viejo, amarillento y con el lomo manoseado. Pero al fin podía leerlo.
Lo primero que me llamó la atención y, como ya he dicho, no me gustó, fue el título. He escrito algunas consideraciones sobre las que he reflexionado y que pueden ser más o menos acertadas, pero ninguna es descartable. Cierto es que nuestra conciencia feminista nos hace perder un poco la perspectiva. Pero tengamos en cuenta que es un libro que se escribió hace casi dos siglos. No es el título que más me gusta, es evidente que hubiera preferido un Memorias de una vida, Vivir para contarla, Algo de mí misma, todos títulos reales que han dado grandes y reconocidos escritores de nuestra literatura. También podría haberse titulado Mi viaje por Europa o Rusia, huida y regreso, como hicieran Pamuk y Hemingway en las suyas. No falla. Los hombres no tienen ni han tenido ningún problema para titular con ellos mismos o, en su defecto, sus lugares preferidos, sus memorias o autobiografías. De ahí la importancia de este título, mucho más allá de la importancia que despierte saber más sobre la vida íntima de Fiódor. Cabría preguntarnos, ¿el título es representativo de lo que viene a ser el contenido? Sí. Aunque no nos guste, lo es. No es descabellado que Ana pusiera ese título. Todo el libro es un elogio a Dostoievski, su marido.


Llegados a este punto, me pregunto qué escritoras rusas habría en el siglo XIX. Haced una búsqueda en Google, «escritoras rusas siglo XIX». Sabéis lo que pasa, ¿no? Bingo. Las escritoras se transforman en Nikolái Gógol, Aleksandr Pushkin y Dostoievski (Fiódor, claro).


No es una decepción demasiado grande, estoy acostumbrada. Y esa costumbre me enfada, me da miedo. ¿Es que vamos a normalizar la invisibilización de las escritoras? ¿Cómo podemos las mujeres estar acostumbradas a tamaña injusticia?


Y no solo es que Ana no haya logrado un hueco en nuestras estanterías, es que también se ve cuestionada. ¿Cómo va a ser escritora si solo tiene un libro? Pero, ¿acaso Rulfo no está considerado uno de los padres del realismo mágico? ¿Alguien osaría decir que el autor de La conjura de los necios no es escritor, a pesar de contar sólo con esa y otra novela? ¿Seríamos capaces de afirmar que un autor como Salinger, que sólo tiene una novela –el resto son relatos breves–, no es escritor?


Ana es escritora. Fue muchas cosas durante su vida, fue editora, taquígrafa, librera y escritora, y afirmar lo contrario es una de las tantas formas de acabar con la literatura de las mujeres.


Tanto Editorial Espinas como esta editora tienen una deuda impagable con ella que hemos tratado de devolverle haciendo que sea nuestra primera autora y sus memorias, nuestro primer libro.
Ana seguirá existiendo mientras la leamos.

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Matilde Cherner

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